
Rubén Ramos se jubila
Historia de Nicole Dominguez / Traducción por Domitila Rosette
Tras servir en la sede de la Columbia Union durante 19 años y dentro de la Columbia Union durante 42, Rubén A. Ramos se jubila el 1 de abril.
En 1978, Ramos comenzó a trabajar en Reading, Pennsylvania, como colportor y posteriormente como obrero bíblico voluntario en la Pennsylvania Conference. Posteriormente, se desempeñó como pastor de una iglesia local y luego como director de los Ministerios Hispanos de la Potomac Conference.
En el 2007, Ramos se convirtió en asistente del presidente para los Ministerios Multilingües de la Columbia Union, y en el 2014, asumió el cargo de vicepresidente del mismo departamento. Bajo el liderazgo de Ramos, la Columbia Union experimentó un crecimiento asombroso entre las congregaciones multilingües. Para finales del 2024, las congregaciones multilingües representaban el 46 % de todas las congregaciones de la unión y contaban con 60,466 miembros de los 156,889 de la unión.
Ramos invirtió en forjar relaciones amistosas entre los líderes. Su objetivo era simple: facilitar un cambio en la cultura de la iglesia, pasando del mantenimiento a “una cultura misional de compromiso personal, grupos pequeños y plantación de iglesias”, afirma. “Trabajar juntos crea un mayor nivel de sinergia y motivación. También facilita y hace más efectivo el intercambio de recursos, materiales y metodologías”.
Sobre todo, Ramos reconoce que toda la gloria es para Dios. Dice que ha disfrutado sirviendo al Señor con “gozo y determinación” junto a su esposa, Nora.
Añade que una de sus mayores satisfacciones es ver a sus tres hijos también involucrados en el ministerio.
“Los años han pasado tan rápido, y al mirar atrás, nos abruman las muchas razones para estar agradecidos con Dios”, dice Ramos. “Si bien el ministerio a veces puede ser estresante y desafiante, las bendiciones y las alegrías son mucho más numerosas. Es una experiencia muy inspiradora ser parte de la gracia de Dios que transforma vidas”.
Al jubilarse, Ramos anima a los miembros a participar en la misión. “La misión es el ‘taller’ divino de Dios, donde su Espíritu transforma nuestro carácter a su semejanza. … Dios nos ha llamado a ayudar a cada uno a convertirse en un dador en lugar de solo un ‘receptor’”.
Afirma que los grupos pequeños y la plantación de iglesias son las maneras más efectivas de fomentar la participación y el crecimiento personal y congregacional, algo que espera que continúe. "¡Oremos para que una ola imparable de multiplicación de iglesias inunde nuestras comunidades y el mundo entero!"
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